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Archive for the ‘Consejos Caseros de la Srta. PEPSI’ Category

Alguien se ha apropiado de este teclado y escribe bajo el seudónimo de McManus. ¡Es un atrevido! ¡Un valiente! Ignoren esto, amigos. Y lean por mucho que tengan un machete clavado entre los dos hemisferios de sus respectivos cerebros.

Hoy les daremos un consejo de excelente calidad y con poco uso. Cuando caiga un día con Congreso de los Diputados, vaya allí. Es obligatorio acudir con una bolsa de cacahuetes, a ser posible grande. ¡Pero no grande en demasía! Observe desde la lejanía, siempre que haya evadido a los molestos guardas de seguridad, a aquellos diputados que buscan formas de atacar sin ofender. Pero ofenden y hacen ademán con sus manos, lo cual da a entender una terrible trifulca que jamás llegará.

Dejando el tema de las peleas aparte, ya que está usted aquí mirándolos cual animales de zoo, debe ser consecuente. Tire unos cachuetes. Lo más probable es que se ofendan y le miren fijamente con palabrería de reverencia, respeto y tal. Pero mántengase impasible y piense: “se lo merecen”. Váyase a continuación, no sin antes descubrir su rostro ante las cámaras al servicio de la televisión, ávida de un titular tan duro como “Desaprensivo falta el respeto a los diputados de la Nación”. Salga de una maldita vez o le pillará alguien.

Por cierto… si bebe Pepsi, un líquido preciado estará en su estómago viviendo bien y haciendo su trabajo. ¡Hágalo!

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Hoy le traemos una lista sin más sobre más consejos caseros, continuando así con una tradición de esta santa casa de algodón. ¡Salga de su rutina, maldito individuo estándar de la sociedad, y haga nuevas cosas; justo las que vamos a dictarle!

Soldado, ¡la baldosa!

PRESUPUESTO DE NOVIEMBRE
[…]
Dinero disponible: 19,17 €.

¡¿Que le queda algo de maldito dinero?! ¡Gástelo, gástelo! No está como para que permanezca en el olvido de la misma habitación durante días, meses, años y lustros, y le acusen, con razón, de ser un maldito tacaño que no concede libertad a monedas, billetes y tarjetas de plástico con bandas negras. Bien, desde nuestro más exacerbado sentimiento paternal, le diremos lo que debe hacer con el dinero: viajar a rincones de su barrio jamás explorados como entrar en un todo a cien y financiar la compra al contado de una bolsa entera de soldados verdes de juguete, en un gesto bonito. ¡Consuma por consumir y reviva su infancia!

Con los soldados en su poder, fíjese en esas corpulentas bases verdes que les ayudan a mantenerse de pie, en esa fisionomía de plástico barato y, por supuesto, ese majestuoso y escueto mensaje que dice “Made in China”. Si es que le queda algo de imaginación, presuponga que estos soldados chinos pronuncian castellano muy fluido. ¡Que conviertan anodinas órdenes militares en procelosa poesía!

Para muestra de usted, que no sabría hacer ni la O con un canuto sin nosotros, un ejemplo: Sustituya “OK” o “Roger”, ambos rápidos pero carentes de emoción alguna, por “Galante hombre, amo de la Tierra, lo he comprendido preciosamente y perfectamente. ¡Me arrojaré, con generosa valía, a cumplir misión tan mayúscula!

Finalmente… Ahorita… yo le diré qué más debe hacer. Rodee una baldosa de su casa con soldados verdes. Sea práctico y tómela. ¡Enhorabuena, usted ha conquistado una baldosa de las miles que ya posee! ¡Dé las gracias al poderoso Ejército Verde, de nulo poder de fuego pero con una maravillosa imaginación!

Aguas mayores en altura.

¿Cansado de hacer popó en el mismo retrete de siempre? ¿Hastiado de ver las mismas paredes blancas y azulejos? ¡No se preocupe! Con nosotros, podrá conseguir un cambio en su metodología para expulsar excreciones de marcado color marrón, individuo de nula autonomía.

¿Tiene una escalera plegable a mano? Presupondremos que sí. Cójala, pues. Suba y suba hasta el último escalón, generalmente situado a un metro de altura. Ya en la cima, olvide de una maldita vez esa situación de vértigo genérica, de modelo C, que le atenaza, y bájese los pantalones.

Si ha llegado hasta aquí y le aprieta el estómago, enhorabuena. Podrá plantar usted una esplendorosa hez, que olerá a perfume malo, en uno de los escalones. Dependiendo de cómo apunte el ano, si se me permite esta licencia explícita, hasta consigue colocar su magnífica excreción en el suelo.

¿Ha terminado usted con su hazaña? ¡No olvide limpiar, so puerco! Y recuerde, no recibirá visitas en muchísimo tiempo. Así se pudra, marrano de mil demonios y sin personalidad propia.

Por fin, un allanamiento de morada legal.

Nuestro generador de situaciones cotidianas presupone que usted está volviendo de una panadería, sufriendo unos duros cuatro grados sobre cero indicativos de un notorio frío, y con unas enormes ansias de volver a casa. Además se conoce a la perfección el camino de vuelta, que cubre 185 metros hacia su casa. Y no sufre ningún tipo de minusvalía.

Bien, cumple con las condiciones. Ponga un pie por delante y, a continuación, adelante el otro también, todo ello se debe hacer con constancia y mucha regularidad Pero recuerde… no debe adelantar demasiado. Justo y con cuidado, de lo contrario, el evidente desequilibrio le hará caer al suelo. ¡Quizás se quede minusválido y todo ¡Ja, ja, ja, ja! Si hace caso a nuestros consejos, podrá seguir su camino sin incidentes. No hay calles con coches de por medio, tranquilo. Eso dice el mencionado generador, ¡tan completo él!

¿Que ha llegado a su destino? Abra la pesada puerta de hierro. Bien, usted carece de memoria. Vive en el segundo piso, a la izquierda. Consulte el gran manual que realizó Julio Cortázar con respecto al asunto de subir escaleras, ya que estamos completamente convencidos de que padece una alergia crónica a los ascensores.

Ya está en el segundo piso. Diríjase a esa puerta que recuerda vagamente. Saque, con suma precisión, el manojo de llaves de su bolsillo. Escoja la llave correcta, que es la más pequeña, y métala en la cerradura. ¡Estúpido, dé un cuarto de vuelta! Se abrirá, entonces. Traspase la puerta. Ciérrela para que no entren moscas ni bandidos posmodernos, muy prácticos y hábiles en su suerte.

Usted, transgresor de la sociedad moderna, ha conseguido un enorme hito social. Está en su propia casa, ¿comprende? ¡Le denunciaremos por allanamiento de morada, que es ilegal!

¡Beba Pepsi, coño!

Humano, ¿a qué espera? Usted tiene el deseo ardiente de beber Pepsi desde que era pequeño. ¡Compre ya una de nuestras grandilocuentes latas que le dicen mucho! ¡La señorita Pepsi se lo dice!

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¿Cansado de la coherencia en sus conversaciones familiares? ¿Hasta la coronilla de ver cómo pasa de los asuntos familiares al gasto mensual en el gas con total naturalidad, sabiendo que ambas cosas están relacionadas?1 ¡No se preocupe! Hoy, con la semana y la rutina dando su pistoletazo de salida, le enseñaremos cómo mezclar las cosas con labia. Su vida sufrirá un cambio radical y no pasará otro aburrido período de siete días.

Muy bien, adelante. ¡Usted, lector! ¿Ha probado a decir en un mismo enunciado cosas que no casen? Si lo ha hecho -aunque sea de manera inconsciente-, consideramos que tiene allanado un poco su camino al éxito. Le propondremos que hable, por ejemplo, de fútbol y, a continuación, de las medusas de la costa mediterránea. Para un mejor entendimiento, se lo explicaremos de manera más clara:

  • ¿Ha visto qué gol ha metido Varela al Barcelona? Sin duda, las picaduras de las medusas le han otorgado poder.
  • ¿Ha comprendido? Lo resumo aún más, ha de hablar, preferiblemente, en un mismo enunciado de cosas que guardan muy poca relación o ninguna. Vamos, lo que sería mezclar velocidad y tocino. Insistiendo en el tema, le mostraré más ejemplos:

  • Mi hijo ha comido muchas nueces últimamente, esto se debe a que está jugando sin parar al balón prisionero.
  • Fernanda, la vecina del quinto, ha mostrado síntomas de fiebre porque no para de pegar su oreja a la radio para disfrutar de la COPE.
  • Mi suegra está con el rodillo de amasar en la mano porque cree que en Sevilla hay tormenta.
  • Finalmente, con la esperanza de que haya entendido bien de qué va la cosa, me despido avisándole de los efectos secundarios si lo lleva a la práctica. Sus familiares le mirarán con cara de estupor y, en casos graves, le ignorarán. Hasta adquirirá cierta fama y su nombre irá asociado a apelativos como “El Loco”, “El Estúpido” o “El Mezclador Profesional De Cosas sin Ton ni Son”, por ejemplo. Como recomendación personal, haga este experimento en su casa, frente al espejo, con las consiguientes precauciones. ¡Mezclar velocidad y tocino es peligroso!

    1 Fernanda, ¿has visto que estamos mal? ¡El hijo nos consume el sueldo! ¡Y el gas anda muy caro!

    Espacio patrocinado por la señorita PEPSI, que te pide más y más cuando vacías su ligero cuerpo de aluminio.

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    Lector, hemos leído las líneas de su mano genérica. Le tenemos preparada una profecía a su medida; va a ver usted a Julio César dentro de 3 semanas comprando el séptimo libro de Harry Potter en la FNAC.

    ¿Harto de que sus líneas de la mano no signifiquen nada y que sólo sean gamberradas corporales? Deben tener un significado definido, que para algo es estafa sabiduría milenaria, y nosotros le enseñaremos cómo. Primero, mire detenidamente las líneas de su mano y frunza el ceño tratando de fabricar esquizofrénicos elaborados pensamientos sobre el origen de sus líneas y lo qué representa. A continuación, représentelos en un papel o en un programa de ofimática, preferentemente. Recuerde que para ello, ha de escribir una serie de palabras sacadas de aquí, allá y asá con aparente sentido. Ya sabe, ponga una palabrita por ahí, otra por allá y siga con ello hasta que lo considere finalizado. Le proponemos el siguiente ejemplo práctico.

    La línea de arriba significa que el propio individuo siempre verá el futuro por delante, y en consecuencia, podrá obrar cosas buenas en un plazo de cinco segundos. Sin duda, nació con buenísima ventura.

    ¿Ha comprendido? A trabajar, pues. Cuando termine con los significados, no olvide redactar los pertinentes ejemplos de profecías -recuerde que son meramente orientativos para su actividad y que es preferible improvisar otros para cada paciente que sea miserablemente engañado acuda a su consulta-. En la muestra de más arriba, si se basa en ello, usted podría profetizar “En cuatro segundos de ensueño, usted moverá el cuello un poco. Eso es lo que dice la bendita línea superior de su mano”.

    Por último, cuando esté listo, haga quiromancia rápida con su círculo más cercano -familiares, amigos, etc…-. Probablemente oirá risas estentóreas por parte de ellos, pero… ¡son ignorantes! ¡No les haga caso! Recuerde que está haciéndoles un gran favor al ofrecer sabiduría milenaria.

    Espacio patrocinado por Pepsi. ¡Bébela sin fin! ¡Sé tú mismo!

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