Hoy le traemos una lista sin más sobre más consejos caseros, continuando así con una tradición de esta santa casa de algodón. ¡Salga de su rutina, maldito individuo estándar de la sociedad, y haga nuevas cosas; justo las que vamos a dictarle!
Soldado, ¡la baldosa!
PRESUPUESTO DE NOVIEMBRE
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Dinero disponible: 19,17 €.
¡¿Que le queda algo de maldito dinero?! ¡Gástelo, gástelo! No está como para que permanezca en el olvido de la misma habitación durante días, meses, años y lustros, y le acusen, con razón, de ser un maldito tacaño que no concede libertad a monedas, billetes y tarjetas de plástico con bandas negras. Bien, desde nuestro más exacerbado sentimiento paternal, le diremos lo que debe hacer con el dinero: viajar a rincones de su barrio jamás explorados como entrar en un todo a cien y financiar la compra al contado de una bolsa entera de soldados verdes de juguete, en un gesto bonito. ¡Consuma por consumir y reviva su infancia!
Con los soldados en su poder, fíjese en esas corpulentas bases verdes que les ayudan a mantenerse de pie, en esa fisionomía de plástico barato y, por supuesto, ese majestuoso y escueto mensaje que dice “Made in China”. Si es que le queda algo de imaginación, presuponga que estos soldados chinos pronuncian castellano muy fluido. ¡Que conviertan anodinas órdenes militares en procelosa poesía!
Para muestra de usted, que no sabría hacer ni la O con un canuto sin nosotros, un ejemplo: Sustituya “OK” o “Roger”, ambos rápidos pero carentes de emoción alguna, por “Galante hombre, amo de la Tierra, lo he comprendido preciosamente y perfectamente. ¡Me arrojaré, con generosa valía, a cumplir misión tan mayúscula!
Finalmente… Ahorita… yo le diré qué más debe hacer. Rodee una baldosa de su casa con soldados verdes. Sea práctico y tómela. ¡Enhorabuena, usted ha conquistado una baldosa de las miles que ya posee! ¡Dé las gracias al poderoso Ejército Verde, de nulo poder de fuego pero con una maravillosa imaginación!
Aguas mayores en altura.
¿Cansado de hacer popó en el mismo retrete de siempre? ¿Hastiado de ver las mismas paredes blancas y azulejos? ¡No se preocupe! Con nosotros, podrá conseguir un cambio en su metodología para expulsar excreciones de marcado color marrón, individuo de nula autonomía.
¿Tiene una escalera plegable a mano? Presupondremos que sí. Cójala, pues. Suba y suba hasta el último escalón, generalmente situado a un metro de altura. Ya en la cima, olvide de una maldita vez esa situación de vértigo genérica, de modelo C, que le atenaza, y bájese los pantalones.
Si ha llegado hasta aquí y le aprieta el estómago, enhorabuena. Podrá plantar usted una esplendorosa hez, que olerá a perfume malo, en uno de los escalones. Dependiendo de cómo apunte el ano, si se me permite esta licencia explícita, hasta consigue colocar su magnífica excreción en el suelo.
¿Ha terminado usted con su hazaña? ¡No olvide limpiar, so puerco! Y recuerde, no recibirá visitas en muchísimo tiempo. Así se pudra, marrano de mil demonios y sin personalidad propia.
Por fin, un allanamiento de morada legal.
Nuestro generador de situaciones cotidianas presupone que usted está volviendo de una panadería, sufriendo unos duros cuatro grados sobre cero indicativos de un notorio frío, y con unas enormes ansias de volver a casa. Además se conoce a la perfección el camino de vuelta, que cubre 185 metros hacia su casa. Y no sufre ningún tipo de minusvalía.
Bien, cumple con las condiciones. Ponga un pie por delante y, a continuación, adelante el otro también, todo ello se debe hacer con constancia y mucha regularidad Pero recuerde… no debe adelantar demasiado. Justo y con cuidado, de lo contrario, el evidente desequilibrio le hará caer al suelo. ¡Quizás se quede minusválido y todo ¡Ja, ja, ja, ja! Si hace caso a nuestros consejos, podrá seguir su camino sin incidentes. No hay calles con coches de por medio, tranquilo. Eso dice el mencionado generador, ¡tan completo él!
¿Que ha llegado a su destino? Abra la pesada puerta de hierro. Bien, usted carece de memoria. Vive en el segundo piso, a la izquierda. Consulte el gran manual que realizó Julio Cortázar con respecto al asunto de subir escaleras, ya que estamos completamente convencidos de que padece una alergia crónica a los ascensores.
Ya está en el segundo piso. Diríjase a esa puerta que recuerda vagamente. Saque, con suma precisión, el manojo de llaves de su bolsillo. Escoja la llave correcta, que es la más pequeña, y métala en la cerradura. ¡Estúpido, dé un cuarto de vuelta! Se abrirá, entonces. Traspase la puerta. Ciérrela para que no entren moscas ni bandidos posmodernos, muy prácticos y hábiles en su suerte.
Usted, transgresor de la sociedad moderna, ha conseguido un enorme hito social. Está en su propia casa, ¿comprende? ¡Le denunciaremos por allanamiento de morada, que es ilegal!
¡Beba Pepsi, coño!
Humano, ¿a qué espera? Usted tiene el deseo ardiente de beber Pepsi desde que era pequeño. ¡Compre ya una de nuestras grandilocuentes latas que le dicen mucho! ¡La señorita Pepsi se lo dice!